domingo, 13 de marzo de 2011

Ángel (3)

Mientras sirvo la comida, mi mente no se detiene, hago una lista mental de pendientes que aún me quedan en la escuela: dos tareas por entregar a un par de maestros a los que mi condición de becada les parece alguna clase de minusvalía y un examen para que me gustaría repasar por última vez.
No es que el profesor Parker y la señorita Lee me traten de forma desagradable, nada más lejos de la realidad, ambos son excesivamente amables, tanto que muchas veces al hablarme modulan la voz como si yo tuviera alguna problema auditivo.
Mi inquietud es tanta que mi jefa inmediata Alice Guerra, la encargada de la cafetería mi mira cada dos por tres. Tras un cuarto de hora más y doce platos servidos me dice en voz baja - ya has terminado cariño, veta a hacer algo mejor.
-aun me queda media hora – respondo colocando un plato en la pila de desechos.
Alice chasquea la lengua –hazme caso – dice colocando sus regordetas manos en las caderas – ya has hecho suficiente por hoy y por como miras el reloj supongo que tienes algo importante que hacer.
-¿segura? – me obligo a preguntar en lugar de hacer lo que cualquier otro adolescente haría, es decir lanzar mi delantal y salir corriendo.
Alice mira un instante antes de guiñarme un ojo y acomodarse la redecilla del cabello. – muy segura, hoy tengo personal de sobra.
Le dedico una sonrisa brillante antes de inclinarme y plantarle un beso en la mejilla. Por un momento ella parece sorprendida antes hacerme un gesto con las manos para alejarme.
-vete antes de que cambie de opinión.
-gracias Alice – consigo decir al mismo tiempo que me arranco el delantal.
Antes de atravesar las puertas de la cocina, la miro sobre mi hombro, ella termina de echarme con un gesto.
No lo puedo creer, parece que éste es mi día de suerte, consultó y reloj y descubro que gracias a la generosidad de Alice tengo media hora antes del examen.
La idea de sorprender a la pragmática señorita Lee, resultaba tan agradable que simplemente no noté que estaba en curso de colisión hasta que mi trasero golpeo aparatosamente el suelo.
Durante un largo segundo me quedé sentada con las piernas extendidas y sin la menor idea de cómo había acabado ahí.
Enseguida mi instinto de supervivencia entró en acción.-¿quieres hacer el favor de mirar por donde vas? – pregunté enojada – se supone que es una escuela no…
Antes de poder seguir con mi discurso una mano enorme me sujetó por el hombro y tiró de mí como si yo fuera alguna clase de muñeca de trapo.
-¡Hey! – alcancé a gritar indignada.
-lo siento… -respondió una voz ronca y desconocida.
El chico nuevo… pensé intentando recuperar un poco de la dignidad que se había ido al caño con la caída. Debo admitir que la disculpa era lo único que no esperaba. Windsor podrá ser una excelente escuela pero los modales de muchos de sus alumnos dejan mucho que desear.
Me tomó un par de segundos, bajar la mirada para comprobar que mi falda de uniforme aun permanecía en su lugar y mi ropa interior permanecía oculta. Después dirigí mi atención al desconocido para cantarle un par de frescas.
Y me las tragué.
Ups…
Simplemente me quedé mirando al chico nuevo con los ojos abiertos.
-¿estás bien? –me preguntó, pero todo lo que pude ver fue un par de deliciosos labios moviéndose.
Mi expresión airada se convirtió en sorpresa y todo lo que tenía en la mente se vació por completo mientras contemplaba al chico más impresionante que hubiera visto jamás.
¡Dios mío! Santa mier...¿quién eres?