martes, 15 de marzo de 2011

Ángel (4)

—¿llegó tarde?
La voz de Lisa me hizo saltar de mi asiento —¿Qué? —alcancé a preguntar
Ella me miró y sacudió la cabeza —nada.— sin más trámite dejó caer su mochila en el suelo y se acomodó en su lugar.
—Supongo que terminaste temprano — dijo abriendo un cierre para sacar la libreta de matemáticas en un tardío intento por recuperar la tarde dedicada al actualizar su perfil de facebook.
—Algo así —respondí evasiva, mientras mis ojos eran irremediablemente atraídos por la enorme espalda del chico nuevo. No podía quitármelo de la cabeza. Digo, ¡mierda! se suponía que había un límite de edad para Windsor ¿o debía creer que alguien de ese tamaño tenía 18 años? imposible con el tamaño de sus bíceps.
El grupo entero parecía estar tan interesados en el chico nuevo como yo; a pesar de lo cual hubo un revuelo y todos corrieron a ocupar sus puestos cuando la profesora Lee entró llevando un legajó de papeles bajo el brazo.
Lisa me miró e hizo un gesto pesimista con la cabeza antes de enderezarse en su asiento.
Al mismo tiempo el chico nuevo se movió.
—santas put…— restalló Lisa sorprendida.
Pareció que al chico le tomaba horas ponerse de pie.
Nerviosa, mi amiga giró para mirarme con una interrogante en la expresión, una que quería decir ¿y éste de donde salió?
—¿puedes creer que no lo había visto? — me dijo casi a pleno pulmón.
Me hizo reír. Sé que Lisa es distraída, pero no ver a un chico de ese tamaño es el colmo.
Enojada ella me sacó la lengua. —debiste decirme. —me recriminó.
—¿Por qué? — Me alcé de hombros, — pensé que lo notarias por ti misma, digo no es como que pudiera perderse de vista.
—jaja— imitó una risa — ¿cuándo pensabas decirme que tenemos ese bombón en clase? tengo debilidad por los chicos grandes.
No podía culparla, Lisa medía 1.70 y amaba usar tacones más bien altos lo que tendía a volverse un contratiempo a la hora de encontrar un prospecto.
Me alcé de hombros sintiéndome repentinamente enojada. —créeme Lisa, conozco todas tus debilidades, — recalqué — pero grande es decir poco, es enorme
Mientras hablábamos el chico nuevo termino de ponerse de pie y de nuevo me sentí abrumada.
—Santas mier…— murmuró Lisa bajando la voz y cubriéndose la boca con una libreta, — sí que es grande.
Le hice un gesto ambiguo que quería decir todo y nada con los ojos puestos en el perfecto trasero del chico.
—oh… — la voz de Lisa contenía una nota de alarma.
Inmediatamente reaccioné —¿Oh qué? —pregunté tratando de hacerme la desentendida.
Lisa abrió los ojos como platos. — Oh nada.
—bien. — dije y fingí que había alguna pelusa en mi falda, tenía que encontrar una forma de distraer a Lisa de la línea que estaban tomando sus pensamientos.
—Excepto que te gusta — terminó ella.
—¿Estás loca?— susurré repentinamente avergonzada — Lo acabo de conocer, ni siquiera sé su nombre
El chico nuevo pareció haber escuchado por qué eligió ese momento para mirarnos por encima del hombro. Por un momento sus impresionantes ojos azules se fijaron en mí…
¡Oh Dios!... mis pulmones eligieron ese momento para perder la cadencia.
—Santa mier…— Lisa casi me da un codazo que nada tenía de discreto. —¿crees que me escuchó?
Una lenta y sexy sonrisa se formó en lo deliciosos labios del chico nuevo.
Trágame tierra… pensé