martes, 8 de marzo de 2011

Ángel (1)

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Mientras caminó velozmente hacia la cafetería con mi delantal blanco firmemente sujetó en las manos como si fuera un salvavidas pienso que sería agradable poder ser como los demás estudiantes.
Es decir creo—por qué no lo sé de cierto— que sentarme en una mesa sin nada más que mi bandeja de comida sin otra cosa que hacer que matar el tiempo desperdiciando alimentos podría resultar divertido.
Me llamo Ángela Torres per mis amigos y en general la gente que me quiere me llama Ángel soy una becada del Windsor Boston College.
Despues de admitir eso casi puedo escuchar el coro: Hola Ángel... como si perteneciera a un grupo de autoayuda, y esa es la única ayuda a la que puedo aspirar.
Como becaria(gracias Monica por darnos mala fama) se supone que soy exactamente igual a los otros estudiantes.
En teoría, en la práctica no, porque debo servir a mi escuela...sirviendo mesas.
 La Escuela Windsor esta tan lejos del lugar en donde vengo que casi podría decirse que es otro planeta.  Un planeta lleno de árboles, sin basura en las calles, con jardines bien cuidados y edificios llenos de historia no en vano es una de las más prestigiosas y cara preparatorias que existen.
La primera vez que crucé sus enormes puertas, me sentí fuera de lugar, las miradas de todos decían a las claras que yo no pertenecía ahí... aunque quizás sólo se trataba de un poco de paranoia de mi parte.
Al caminar por sus arbolados patios y elegantes pasillos me sentí como si estuviera en un cuento de hadas, cenicienta para ser precisos, porque definitivamente la bella durmiente no era.
Quizá sólo este hablando por mi mis prejuicios o mas bien mis complejos, pero es que todo mi departamento cabria cómodamente en el vestidor del cuarto de cualquiera de mis compañeros de la escuela.
No la he pasado muy bien integrándome, y es que no soy nada buena haciéndolo. al principio algunos compañeros trataron de hacerme victima de sus jueguitos, pero ellos no crecieron en mi vecindario. Ninguno tuvo la menor oportunidad.  Mi madre y mi abuela dicen que puedo despellejar a un oso únicamente usando mi habilidad verbal y si esa falla también puedo cuidarme sola.
—¿vas s servirme o no?
La estridente vos de Patrice /Trish, una chica con la que comparto algunas clases, me saca de la introspección en la que me refugio cada vez que tengo que trabajar en la cafetería.
Esbozo una mueca antes de colocar una cucharada de puré de papas sobre su plato de comida. Sé que no se lo comerá, digo Trish se mantiene tan delgada que casi parece anoréxica.
Ella no se molesta en dar las gracias, ¿Por qué habría de hacerlo? En éste momento no soy una compañera de clases sino algo intermedio entre un alíen y una mucama, así que no tiene ni porque verme.
Pero no todo es malo, la siguiente en la fila es mi única amiga en la escuela, Lisa quien sostiene la charola con una sonrisa tímida
— ¿Vas a comer puré?— Le pregunto haciendo un gesto cómplice.
—Tal vez solo un poco — responde mientras me guiña el ojo.
Su madre ha dado órdenes a la dirección de la escuela de no poner carbohidratos en su almuerzo, pero yo le sirvo una porción.
algunas veces mi lado maligno susurra que seguramente es mi amiga sólo por mi trabajo en la cafetería, pero realmente lo dudo, ni Lisa es tan comelona, ni yo tan crédula. Como quiera que sea somos amigas desde el primer día.
¿Quién lo hubiera creído? la chica mas adinerada de la escuela y la que nunca encajara formando un equipo de parias sociales. Y es que a pesar de que los padres de Lisa son asquerosamente ricos, ella parece tan fuera de lugar como yo.  
De cualquier modo ella nunca ha sido una snob, tal vez se deba a que está ligeramente pasada de peso o tal vez esa sea la prueba de lo poco que le importan las apariencias, el hecho en sí es que somos buenas amigas.
Éste es el inicio de una historia que ya lleva mucho tiempo dando vueltas en mi cabeza, se llama Ángel y en lo personal me encanta.