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domingo, 29 de junio de 2014

Extraños íntimos


Extraños íntimos

Vino, música, noche, una tregua que nadie pidió, la terraza de un bar con aspiraciones bohemias. Tú vistes una camisa de lino, los jeans de siempre, yo, un vestido con regusto cincuentero y tacones que nunca use antes.
Me miras y sonríes, te miro y no sé qué decir excepto exhalar un saludo que más parece un suspiro. Me veo hermosa, dices, acepto tu cumplido con elegancia y mientras te sientas en mi mesa ninguno habla. ¿Qué podríamos decirnos? ¿Qué queda entre los dos?
Nada.
Excepto charla intrascendente, sin promesas, ni recuerdos. Ninguno evoca el pasado, ni el cielo ni el infierno que hemos atravesado.  Estamos aquí y ahora, no necesitamos más, especialmente si tenemos el sabor joven y fresco de un vino sin apellidos, el calor que contrasta con la brisa santanera, los acentos placenteros de una melodía que todo lo llena.
Tomas mi mano y yo sigo los pasos que nos llevan a una improvisada pista, donde tus brazos rodean mi talle, y como si no todo estuviera dicho entre nosotros descanso mi rostro en tu pecho, para mecernos muy suave, como si temiéramos hacerlo.
Me estremezco y preguntas si estoy bien, asiento culpando a la cálidamente inocente madrugada.
Tiemblo porque mi cuerpo te recuerda y sé que tu cuerpo me añora, porque aunque no te quiero y no me amas, somos íntimamente cercanos, extraños y distantes, una pareja que ya no lo es, unida por el placer de lo lícitamente ilícito.
Tu mujer, tu nueva mujer, estará en tu casa, sin duda esperando a que regreses, tal vez plácidamente dormida, tal vez mordiéndose el vientre y las uñas con la sospecha. Imaginarlo me proporciona un placer perverso, ¿Acaso existe algo más perfecto que la venganza que no se busca?
Sé a dónde iremos, no será mi casa, no entraré en la tuya, una habitación anónima de un hotel de paso, nos proporcionará el lugar.
Instantes robados, el tiempo.
Estoy segura que nos arrepentiremos.
Por lo menos yo lo haré, pero será hasta que tu carne y mi carne se unan de nuevo, tu boca vuelva a beber de mí y mis manos te recorran de norte a sur. Estarás en mí, rodeando, ciñendo, teniendo, sin saber quién de los dos es el que agoniza de placer.
Después, cuando yazcamos jadeantes, en una cama que nunca ha sido nuestra, querré marcharme, olvidar que te quise y que ya no lo hago más. Olvidar que lo nuestro se fue como una hoja que la tormenta arrastra.
No me dejaras, dirás que no hay prisa, que nuestra despedida aun no llega, que aún nos queda madrugada y yo…yo dejaré que me persuadas y comenzaran otra vez los besos, te tomaré y me daré de nuevo.
Cuando nos despidamos será para siempre, hasta nunca, estaremos seguros de que todo ha terminado, la comezón ha sido rascada y nada queda.
Hasta la próxima vez.
Hasta la siguiente noche.

Tuya para siempre, Malena.
Malena Cid

miércoles, 29 de mayo de 2013

Héroe

Y él, que nunca había sobresalido en nada, que no poseía un sólo gramo de grandeza en el cuerpo, quien no tuvo, o tendría, madera de héroe, consiguió la más grande hazaña alguna vez lograda por otro ser humano: lamerse el codo.
Malena Cid

martes, 28 de mayo de 2013

Equivocación

 Creí ver un ángel de pie sobre el tejado. Imaginé el halo de luz rodeando sus alas blancas como la nieve, la pureza en su rostro y el amor brillando en él.
Pero me equivoque.
No era ángel sino gargola y el halo tan solo luz repelida por la mas siniestra obscuridad.
Malena Cid

domingo, 10 de marzo de 2013

Para ti...hombre



Si cierro los ojos casi puedo ver la silueta de tu rostro recortada contra la sangre que corre por las persianas de mis parpados.
Si pienso en ti siento, aunque no sepa exactamente qué.   
Tu aroma, alguna vez odiado, de tanto en tanto llega hasta mis recuerdos y los hace revolotear como mariposas sobre la playa del tiempo.
Éstas aunque no estés, una presencia enclavada en mí día a día.
No lo sabes, y quizá nunca lo harás, pero eres tú quien desayuna conmigo, quien me acompaña en auto en esos largos trayectos cantando viejas canciones a dúo de una sola voz, quien se ducha y enjabona mi piel con tus recuerdos.
Si duermo son tus brazos fantasmales los que me rodean, es la ausencia de tus manos quien me acaricia en las noches y eres tú quien cada noche me recuerda que soy mujer para ti…hombre.
Malena Cid

jueves, 14 de febrero de 2013

Mi encuentro con Eros

Hoy desperté con un amargo sabor en la boca, la cabeza me dolía como si un grupo de aficionados a la batucada diera un concierto solo para mis neuronas. Por si fuera poco la memoria de la que tanto me envanezco me recordó que era catorce de Febrero.
No es que me consuma hasta matarme el deseo de tener novio. tampoco por las burlas y pullas que todos se todos se empeñan en lanzar desde días antes.
O tal vez si.
En fin, decidí que este año tendría todo eso que tienen otras compañeras del grado, en el instituto a donde asisto es decir: flores, chocolates, corazones rojos, globos y más. Por supuesto todo lo anterior aderezado con profusión de lazos, encajes, tarjetas y otras cosas que dicen que el amor ha llegado para quedarse...

Por lo menos durante ese día.
Pero no…
Al idiota de Carlos, a quien con tanto cuidado y esmero le envié las señales adecuadas para que su obtusa y pequeña mente comprendiera que YO lo deseaba, mismo de quien logre arrancar la incomoda y trillada pregunta “quieres ser mi novia”... tan solo hace una semana-(pausa dramática)-me abandonó la noche anterior para regresar con Carla, la boba de la sonrisa torcida y ojitos porcinos, que había sido su novia durante los tres últimos años.
El muy… idiota, me tomó de las manos y miró a los ojos…
Yo pensé mmm: tal vez y me invité a cenar.
Confieso que me conformaba con un hot dog, unos panchos o algo del carrito de bocadillos que vende a las puertas de la escuela, es propiedad de un extraño tipo que se hace llamar pelofino.
Pero no, oh decepción.
El imbecil me dijo que Yo era una gran chica, pero que sólo le agradaba como amiga…
Se supone que eso era mi parlamento para después del 14
¡Amigos¡ Como si alguna vez el hombre hubiera tenido una sola amiga que no estuviera directamente emparentada.
En pocas palabras Carlos le dio al trate a mi plan perfecto para pasar la noche del catorce.
En fin...
Para no hacer largo el cuento me acosté a dormir, no sin antes haber insultado a Eros (o Cupido como le gusta llamarlo a mi maestro de latín) con toda clase de epítetos altisonantes, algunos de los cuales eran de mi propia invención.
A las doce y media de la noche yacía profundamente molesta en mi cama. Totalmente mortificada ademas por mi falta de llanto y es que deseaba -cual heroína trágica- mojar la almohada con mis lágrimas como es tradición en estos casos.
Pero por más que lo intentaba no ocurrió.
Ni siquiera cuando pensé que mi hermana mayor siempre tenía más permisos para salir o que ella escogía la mejor ropa y nunca me la prestaba.
Fue inútil, no ocurrió nada y esa noche me dormí sin novio y sin llanto.
Al despertar y mientras cavilaba en todo esto, (con dolor de cabeza y boca amarga) llegue a la conclusión de que si me dormía otras 24 horas más el día pasaría con el mínimo de dolor y sufrimiento para mi ego. Así que simplemente me cubrí la cara con la sabana y trate de soñar nuevamente.
-¿No pensaras quedarte en cama todo el día?- Me preguntó una voz que se parecía a la de Bratt Pitt en Troya: profunda, grave en pocas palabras sexy.
Lentamente baje la sabana, centímetro a centímetro y ahí estaba.
Eros o cupido cubierto apenas por un muy pequeño pedazo de tela alrededor de sus afiladas caderas.
Déjenme decirles que no es en vano un dios griego. Tenía un cuerpo perfecto sin un gramo de grasa, sus músculos no eran voluminosos pero si desarrollados y perfectos. Su piel de un suave color dorado tan hermoso que solo verlo hace que a una le den ganas de encontrar Psique y golpearla por llevarse ese premio. Sus rasgos faciales eran tan hermosos que cuando desviaba la mirada y la regresaba de nuevo me dejaba sin habla. Largos cabellos negros media noche y misteriosos ojos oscuros.
Nada que ver con esos sonrosados y rubios que anuncian toda clase de cosas, desde dulces a teléfonos celulares.
-Quería conocerte en persona- dijo mientras caminaba por mi cuarto como si fuera el suyo y la hacerlo levantaba mi ropa regada por todos lados como si fuera mi abuelita.
-Veras- continúo con esa voz que era capaz de hacerme cosquillas en la piel. –Ayer cuando llegue al Olimpo me tope con la sorpresa de que en mi mail había mucha correspondencia, eso es natural. Lo que no lo es era la gran cantidad de quejas e insultos que me dirigiste. Había cerca de mil millones de quejas contra mi, mientras revisaba una fue retirada y quedaron novecientas noventa y nueve mil y todas eran tuyas.
Aparentemente te quejabas de que el “amor de tu vida” te dejó a noche y me culpas a mí. Aun cuando no sabía si sentirte triste o aliviada. ¿Crees que mi tarea es fácil? Me gustaría verte en mis alas solo por cinco minutos para ver si lo haces mejor y si te parece que es cómodo hacerlo. Tienes apenas 16 años y te quejas de no tener novio para ese día como si de eso se tratara. No- prosiguió mientras se sentaba en mi cama y me miraba con esos maravillosos ojos oscuros –El día del amor no solo trata de novios y corazones si n o del verdadero amor, no solo el carnal que represento sino el de verdad ese que sientes por tus padres o tus hermanas, tus amigas. No te importe si Carla tiene novio o que otras lo tengan. Tienes lo principal para celebrar esta fecha y eso es Amor
Y al decir eso la última r se alargo hasta parecerse al sonido de mi despertador.
El sabor amargo de la boca se me quito, mi cabeza dejo de doler y me levante dispuesta a celebrar este día con mis amigas Carina y Bibi, y celebrar el amor y la amistad todos los días.
En especial cuando Eros luce así.

Malena Cid

jueves, 22 de noviembre de 2012

Noche maya



Ha caído el sol al inframundo.
Se fue en busca de los amos del Xibalbá y es por eso que ahora las tinieblas se extienden de un lado al otro de la tierra.
Ha caído el sol.
Y nosotros, los hijos de la carne de Yum Kaax,  joven señor el maíz, nos ocultamos del Dios jaguar y de su astucia, porque Kinich Ajaw, amo de la noche con su manto de estrellas, reina soberano en estas tierras.
Ha caído el sol.
Ak Kin, se ha marchado, la esperanza está extraviada al igual que la luz mientras esperamos  que victorioso, ascienda una vez más, desde las raíces de la ceiba sagrada.
Malena Cid.
2012©todos los derechos reservados

sábado, 20 de octubre de 2012

Altar de muertos



Frente al altar que ayer mismo levantó, ella cae de rodillas y aguarda en silencio. El año se ha cumplido, trescientos sesenta y cinco días desde la última vez que estuvieron juntos.
Como siempre la tristeza ha llegado primero, pero el día está a punto de comenzar y nunca ha sido cosa buena desperdiciarlo en lamentos.
Con los ojos cerrados y las blancas manos extendidas en un gesto de suplica, sus labios desgranan suavemente una plegaria que es a la vez lamento e invocación a sus amados.
Por un instante contempla su obra y se permite un suspiro satisfecho, todo está listo, hecho y preparado en el pequeño altar que ha dedicado a sus recuerdos.
Humo de copal para perfumar, velas blancas que iluminan el camino de los grandes; coloridas candelillas para conducir a los niños que se han adelantado, ofrendas de comida y bebida para darles la bienvenida
Ella ha puesto un poco de todo: café para mamá, un cigarro de hoja como el que fumaba el abuelo, tamales, mole, cerveza, chocolate, pan de muerto, calaveras de azúcar, dulces de leche… un banquete para tentar el alma y los sentidos.
Así es que entre viejas plegarias desgranadas suavemente, el tiempo pasa sin sentir,  hasta que entre latido y latido, ella descubre finalmente a sus amados, aquellos por los que ha aguardado el año entero y llora de alegría y no de pena. 
Las lágrimas benditas caen de sus ojos, mientras percibe en la mejilla el roce de la mano de un amante que la muerte se llevó,  el abrazo de su padre, en la frente un beso del hijo que se mal logró y así uno a unos sus muertos regresan para estar con ella.
Malena Cid