viernes, 3 de junio de 2011

Ángel Capitulo 7

Liza y yo pasamos dos días dándole vueltas al asunto.

Claro, una vez que se nos pasó el susto.

Sentadas en la cafetería, en donde ahora podía darme el lujo de sentarme a perder el tiempo las dos creamos teorías cada una más descabellada que la otra. Hicimos un recuento del asunto y lo único que nos quedó claro era que todo era muy raro.

No teníamos la menor idea de quien había sido el intruso o por qué escogió ese momento pero dudaba de que se tratara de una coincidencia, aunque tampoco quería ponerme paranoica.

Además estaba el asunto de la forma en la que estaban escritos los archivos.

No estaba segura pero podría jurar que escribir a mano era un arte olvidado ya y la verdad no me imaginaba al director Solange (o a ningún otro maestro) redactando un informe con aquella caligrafía tan pulcra.

lo único cierto en todo ese caos era que el archivo de Kyle había desaparecido.

—Te digo que él lo hizo — Liza inclinó la cabeza como si temiera que pudieran escucharla.

—Kyle?

—¿Quién más?

—Lo dudo

—¿Por qué? — Liza levantó la mano y enumeró —tenía motivo y oportunidad.

—De que hablas? — le pregunté extrañada.

—Si — ella bajó aun más la voz—¿a quien más podría importarle que husmeáramos en su archivo?

—Le importaría a cualquiera. — protesté — pero no por eso robaría sus papeles.

—No lo puedo creer — Liza me miró de modo raro.

—¿Qué es lo que no puedes creer?

—El chico te trae loca, te ha sorbido la mente— dijo en tono serio antes de agregar jocosa — entre otras cosas.

Puse cara de aburrimiento — No puedes pensar en nada más.

—¿Qué en sexo? — dijo con desparpajo.

—Pues si — respondí sintiendo calor en mis mejillas

—No, no puedo ¿y tú?

Tampoco pero jamás lo admitiría, abrí la boca para responder alguna tontería cuando ella me interrumpió con un certero codazo y señalo hacia la entrada a la cafetería.

—Hablando del diablo…

El rosa de mis mejillas se convirtió en purpura cuando mis ojos se cruzaron con la mirada azul e intensa de Kyle.

¿Se notaría mucho mi conciencia culpable?

De cualquier modo, no esperaba que se acercara a nosotras, así que calculé que estaríamos a salvo.

hasta que lo vi caminar en línea recta hacia donde estábamos

—Oh dios — gimió Liza aterrada —¿crees que nos haya visto?

—shhh… —la callé. Aunque tenía las mejillas rojas y el corazón a punto de salirse de mi pecho conseguí mantener la calma…o algo que se le parecía.

—Oh Dios—gimoteó mi amiga retorciéndome la muñeca.

—Seguro que pasa de largo — dije tratando de calamar a Liza y rescatar mi brazo de su agarre.

Kyle vino directo a nosotras con una sonrisa torcida en los labios. Mi corazón se convirtió en un martillo neumático golpeando contra mis costillas.

—Vaya, vaya — dijo cuando estuvo al lado de la mesa —¿que estarán tramando esas cabecitas locas?

—Nada —saltó Liza antes de que él terminara de hablar.

—Liza — le advertí devolviéndole el apretón.

—¿Qué? — su tono chillón decía claramente: soy culpable.

—¿No tenías algo que hacer en la biblioteca? — dije en un tono tan obvio que solo me faltó guiñarle el ojo para resultar más evidente.

—¿Ah? — liza me miró y le tomó un segundo comprender, pero en cuanto lo captó se levantó de un salto y tomó su mochila de clases para salir por piernas con apenas un cabeceo como despedida.

—Corre rubita— se burló Kyle.

—Tiene prisa —respondí negándome a picar. —lo que me recuerda ¿Qué haces por aquí?

—Se supone que soy alumno de Windsor.

—¿En serio? — repliqué mordaz. Me sentí orgullosa de la forma en que lo trataba, después de todo se lo merecía. — no me digas…

—Si quieres no te digo — puso la mano sobre el respaldo de mi silla —demos un paseo.

—¿Qué? — pregunté haciendo un gesto de extrañeza y lo miré con cara de “¿Estás loco o qué?”

—Paseo — repitió sin sentirse aludido, colocó los dedos e hizo la mímica de pasos — ya sabes cómo caminar.

—¿Por qué?

—¿Caminar? porque podemos y de todos modos tienes que hacerlo para ir a tu siguiente clase.

—Que chico tan gracioso — dije sin moverme de mi lugar

Kyle alzo la ceja ante mi negativa.

—¿Por qué contigo? — Pregunté haciéndome a la dura.— corrígeme si me equivoco pero dejaste en claro que no necesitabas amigos.

Hubo un pequeño gesto en su rostro.

—¿Me equivoco?

—No — respondió tras un breve momento de duda.

—Así que — hice una pausa para darle dramatismo al momento —¿Qué coño quieres ahora?

Mi exabrupto le arrancó una sonrisa… ¡Dios! había olvidado lo guapo que era.

—Es decir no te equivocaste…. —siguió

—En mi experiencia es aquí donde alguien dice “pero” — lo interrumpí

Kyle me dedicó otra de sus sonrisas de millón— Pero… creo que me entenderías si te explico.

—Wow— mi exclamación le hizo levantar la ceja pero entre sus ofrecimiento de explicarme y la sonrisa mi cerebro no daba para más.

—¿sólo Wow? —preguntó

Me aclaré la garganta —¿Qué más puedo decir? —a pesar de mis recelos me puse de pie dispuesta a seguirlo. — me has tomado por sorpresa.

Kyle negó con la cabeza y se hizo a un lado para dejarme pasar. —más bien creo que es al revés, has sido tú quien me ha dejado boquiabierto.

Salimos a los pasillos entre las aulas caminando lentamente, tenía clase de Idioma pero ninguna prisa por entrar.

—Lo dudo — le dije sintiendo un delicioso calor al escucharlo.

—No lo dudes — Kyle extendió la mano como si fuera a tomar la mía pero se detuvo. —No sé… — comenzó a decir pero se detuvo.

—No sabes… — lo alenté a seguir.

—No sé cómo explicarlo.

Nos detuvimos en medio de los jardines en un silencio cargado de preguntas. Decidí enfrentar las cosas, es decir hasta cierto punto, tampoco me lanzaría a contarle que Liza y yo estuvimos husmeando en sus papeles.

—Por el principio. — dije

Kyle se rascó la nuca en un gesto de desconcierto que resultó de lo más sexy.

—¿Recuerdas de que hablábamos?

—¿En la biblioteca?

—Aja.. — Kyle miró hacia los pasillos llenos de gente

—Sí, recuerdo — seguí su mirada sin saber que era lo que resultaba tan interesante.

—Te parecía extraño que la bibliotecaria no me expulsara — dijo sin mirarme.

—dijiste que era un secreto y te pedí que lo compartieras.

No entendía a donde quería llegar, para mí todo el asunto se centraba en lo que había ocurrido después.

—No es un secreto — me miró como aquella vez y de nuevo sentí el vértigo de caer en el azul de sus ojos. —es una maldición.

—¿De qué hablas?

—Creo que es mejor si te hago una demostración. — dijo y miró de nuevo al pasillo.

Los alumnos de primero salían de sus salones convertidos en una ruidosa manada que se dirigía hacia los vestidores para comenzar la clase de deportes.

—Escoge uno

—¿Qué? no entiendo… — en verdad no entendía, era como si habláramos de dos cosas diferentes.

—Es fácil, mira a todos esos chicos, preocupados, moviéndose como un hato, no podríamos importarle menos.

Había cierto tono en sus palabras que me ponía la carne de gallina. Lo miré tratando de encontrarle sentido al asunto pero él me señaló a la multitud —Escoge.

Decidí seguirle la corriente me fijé en una chica con un bonito abrigo azul, un Abercrombie que costaba el monto total de mi beca, había deseado comprarme uno de esos, pero no podía permitírmelo. La conocía de vista. Ella se hacía notar con su actitud altanera y sus intentos de sobresalir a costa mía.

—Esa — dije señalando

—¿Abrigo azul?

—Sip

Kyle la miró y juró que sentí escalofríos cuando ella nos devolvió la mirada y se separo de la gente para venir en línea recta hacia donde estábamos.

Pensé que se trataba de una coincidencia, es decir no era posible que Kyle la llamara de algún modo ¿o sí?

—¿Te agrada? — preguntó sin mirarme

—Ni siquiera la conozco — mentí

La chica se detuvo a nuestro lado sonriendo como una boba.

—Hola — Kyle le sonrió

Ella asintió sin abrir la boca. Era una chica rubia y bonita, la clásica reina del baile, aunque ahora sus ojos tenían una mirada remota.

—Mi amiga — me miró señalándome con los ojos —quiere escucharte silbar.

Ella me miró y sonrió como una boba

Sí, claro tu amiga quiere romperte el cuello. Pensé deseando realmente ponerle las manos encima y apretarle la garganta a Kyle.

Esperaba que ella lo mandara a tomar por el…— bueno por ahí— pero para mi sorpresa la arrogante y odiosa chica comenzó a silbar.

—¿Qué? —chillé asombrada pero ella ni siquiera lo notó, actuando como si fuera lo más normal del mundo imitar públicamente a un canario gigante.

Aventuré una mirada hacia los pasillos pero nadie parecía interesado en lo que hacíamos, lo que también era raro

—Salta —ordenó de nuevo él y ella obedeció sin chistar.

Por un momento pensé que alucinaba, todo era irreal, como ver uno de esos actos en donde un hipnotista hace que las personas hagan cosas extrañas.

Kyle sonreía como si todo el asunto fuera divertido y en cierto modo lo era, pero no para mí.

—Ahora en un pie — Kyle siguió

—¡No! — lo interrumpí.

Sus ojos eran un par de carámbanos azules cuando me miró —¿Por qué no? puedo pedirle lo que se me antoje y ella lo hará —dijo sin humor — mira…quítate la blusa. — ordenó.

La chica no lo pensó tiró de su abrigo con prisa, deseosa de complacerlo, en seguida tomó el primer botón de la blusa y lo abrió.

Comprendí que la tenía por completo en sus manos, que podía hacer que ella danzara desnuda o que corriera gritando tonterías por los pasillos.

—Para — chillé

—¿Por qué? me la estoy pasando bien.

No podía hablar en serio…

Lo miré angustiada. De acuerdo la chica no era un dulce pero no podía permitir que la humillaran, aunque seguramente ella no dudaría en hacerlo si las cosas fueran al revés.

—No es correcto— dije desesperada por detenerlo.

Ella abrió un segundo botón y tocó el tercero y Kyle no parecía tener intenciones de detenerla.

—Por favor — lo tomé del brazo suplicando, no por mí, por ella, nadie merecía ser avergonzada de esa forma — por favor —repetí

Tras un tenso segundo Kyle asintió, sentí como si se relajara y… Fue como si la chica despertara de repente, sus ojos perdieron ese aire atontado y nos miró sin saber qué diablos estaba haciendo.

—Delicioso cariño — Kyle le guiñó el ojo —pero no estoy interesado —agregó sin una pizca de remordimiento.

Ella nos miró a ambos horrorizada, no tenía la menor idea de lo que ocurría pero tampoco quería quedarse a averiguarlo, se cerró la blusa, levantó su abrigo y corrió como alma que lleva el diablo.

—Ahora ya sabes — dijo cuando nos quedamos solos. A pesar de su actitud arrogante sus ojos tenían una mirada atormentada como si esperara a que yo huyera cuando preguntó con voz dura— ¿aun crees que te necesito?