martes, 3 de mayo de 2011

Ángel Capitulo 4 (2)

—Vaya — Kyle entrelazó los dedos tras la nuca en un gesto indolente —hemos avanzado Ángel me encanta cuando muestras las garras— dijo en voz alta.

—shhh— lo regañé — que diablos haces, baja la voz.

Mary nos lanzó una mirada seria que tenía toda la autoridad que le confería su puesto como bibliotecaria.

Kyle miró a la avinagrada mujer y le guiñó el ojo.

Ahora sí, pensé, Mary va a matarme y después arrojará mi cadáver al contenedor de los libros prohibidos en donde nunca nadie me encontrara.

Casi me encogí esperando el regaño pero para mi sorpresa, la seria y avinagrada bibliotecaria se ruborizo como una colegiala y miró hacia otro lado.

—¿Ves? — Kyle murmuró en voz baja — no pasa nada.

—¿Cómo haces eso? —pregunté entre interesada y envidiosa.

Él me dedicó una sonrisa capaz de causarme un corto circuito en las neuronas.

Sexy… pero no lo suficiente como para hacerme olvidar el asunto.

Conseguí permanecer seria, me alcé de hombros y pregunté—¿Y?

Kyle rió bajito como si me reacción le complaciera. —Es un secreto.

—hmmm…— le gruñí aunque después lancé una mirada aprensiva a Mary quien ahora parecía muy interesada en algún punto del horizonte. — deberías compartirlo.

El rostro de Kyle perdió toda diversión y se volvió terriblemente serio, sus ojos azules ya no chispeaban de diversión sino con algo que se acercaba al asco o al miedo.

—Es lo último que desearías, créeme.

Había tal seriedad en su voz que le creí.— huuu… cualquiera diría que es algo perverso.

Kyle hizo un gesto de desinterés —Nah, no es para tanto.

—Ya veo.

Tomándome por sorpresa se adelantó sobre la mesa hasta que su rostro quedó a la distancia de un suspiro.

—¿Qué es lo que ves Ángel? — sus ojos parecían retarme divertidos.

Sentí como si mi mente se pusiera en blanco y todo el mundo desapareciera excepto él.

Exhale asombrada, mi aliento tocó sus labios acariciándolos en un beso convertido en suspiro. El iris azul de Kyle se dilató oscureciendo sus ojos

—Ángel…— murmuró.

Entonces vi… No al muchacho seguro de sí mismo, impertinente y sexy que mostraba al mundo, esa sólo era la careta que escondía a un chico con demasiados secretos oscuros, tan lleno de dolor, rabia y soledad que era como si cargara sobre sus hombros el peso del mundo.

—Kyle —musité sintiendo por primera vez, desde que lo conocí, pena por él.

Durante un breve instante su bien perecido rostro se desencajó mostrando una expresión perpleja.

—¿Qué diablos ves Ángel? —preguntó con voz ronca alejándose de mi.

Mi corazón perdió el ritmo, deseé consolarlo, tomar sus manos y decirle que no estaba solo pero todo lo que pude hacer fue decir —te veo a ti.

—A mi..— arrastró las palabras como si estuviera blasfemando —¿realmente? —preguntó con sorna —no me digas.

Kyle retrocedió como si me encontrara repentinamente repulsiva y se dejó caer en la misma postura indolente que le gustaba mostrar, pero esta vez yo sabía la verdad.

—Si — fui yo quien lo retó manteniendo los ojos en él. — te veo a ti

—hmmmm — ronroneó cambiando de estrategia al tiempo que levantaba un bolígrafo del montón— ¿puedes ver lo que estoy pensando?

Asentí sin quitarle los ojos de encima, no me dejaría engañar por su por su pose sexy y cínica.

—No lo creo Ángel —Kyle comenzó a girar el bolígrafo en sus dedos en un alarde de habilidad.

—pues hazlo.

Nos quedamos callados por un par de minutos, con el sonido que hacía el bolígrafo al girar como fondo a nuestra lucha de voluntades aunque en realidad, creo que ninguno sabía bien como actuar

—Así que puedes verme — dijo finalmente Kyle y volvió a colocar el bolígrafo con suavidad a un lado del libro de texto.

—Si.

Por debajo de la mesa Kyle deslizó una de sus enormes botas de motociclista entre mis Converse negros en un intento deliberado por intimidarme.

Me estremecí— Te veo Kyle. — dije me negándome a ceder

Una gran mano se asentó sobre mi rodilla, Kyle deslizó un dedo bajo el ribete de mi falda—¿Qué tal ahora? —preguntó insolente

Sentí como la sangre se agolpaba en mis mejillas, miré a todos lados temerosa.

—¿Sigues viéndome? ¿Segura que ves lo que de verdad soy? ¿O lo que quiero hacer contigo ahora?

La imagen de nosotros dos enredados y besándonos en un rincón oscuro llenó mi mente.

Jadeé sintiendo el calor correr por mis venas. Sentí la advertencia de Kyle, tan clara como si la hiciera con palabras: detente o asume las consecuencias…

Podía hacerlo, levantarme, marcharme, sin mirar atrás. Si lo hacía él no volvería a molestarme jamás. Estaba segura. Mi vida sería como era antes de conocerlo… predecible y aburrida.

Pero yo no era así, no era una cobarde y de algún modo podía percibir que él me necesitaba…

Así que al diablo con las consecuencias.

Coloqué una mano sobre la que había puesto sobre mi rodilla. No como si lo rechazara, tampoco animándolo a seguir sino tratando de poner comprensión en el gesto—¿Qué tratas de probar Kyle? — murmuré.

Él sonrió, si es que a ese amenazante alarde que no llegaba a sus ojos podía llamarse sonrisa.

—No trato de probar nada Ángel, pero tú deberías tener cuidado, las chicas malas y curiosas terminan metidas en líos— su voz tenía un borde cortante.

—Qué raro— rebatí sin dejarme engañar por su bravata, sabía bien que bajo toda esa arrogancia había una buena dosis de inseguridad —según recuerdo acabas de decir que soy una chica buena ¿también vas probar que no lo soy?

Kyle resopló como si estuviera frustrado—No trato de probar nada que el mundo no sepa.— respondió mordaz.

No respondí, no iniciaría una discusión para probar algo que ya sabía.

Sus yemas ásperas estrujaron mi piel —Eres una chica buena Ángel, y siempre lo serás. La clase de chica que no tiene nada que hacer con alguien como yo, sólo intento prevenirte, porque… —hubo un momento de duda en su voz, un breve instante en que pude captar nuevamente su vulnerabilidad antes de que agregara cáustico— la verdad es que soy lo que todos creen: un real y verdadero hijo de puta.

Bajo la mesa, lejos de la vista del mundo, cerré mi mano sobre la suya sin importarme más que ofrecerle un poco de la comprensión que él no había pedido pero que sabía deseaba—Ese es el asunto— dije con más valor del que sentía —no me importa cuántas veces repitas lo malo que eres Kyle, ni como te vistas o lo que digas, ni siquiera lo que haces ahora.

—No sigas por ahí Ángel — me advirtió.

Si crees que voy a callarme es que no me conoces pensé antes de decir con voz clara y mirándolo a los ojos —Nada cambia el hecho de que puedo ver lo que verdaderamente eres..

Esta vez fue él quien salió corriendo.