viernes, 6 de mayo de 2011

Carta al Lobo



Lobo amor mío:

No sabes la alegría que me ha dado ver tu carta esta mañana, la verdad es que me sentía un poco abandonada desde que te fuiste a la Riviera sin mí.

Comprendo que son cosas de tu trabajo, sé que fue el sindicato de lobos feroces quien escogió el lugar de su convención anual. También sé, que, a pesar de tus protestas, no pudiste llevarme contigo. Que puedo decir Lobo mío, así se dieron las cosas y solo me queda las aceptarlas.

Debo decirte que antes de recibir tu carta ya había leído el tabloide que mencionas, no puedo ocultar lo herida me sentí al ver como Liza, Luza y Lara hablaban mal de mí y de nuestra relación.

Me extraña esa clase de comportamiento si apenas el verano pasado los cinco éramos inseparables sobre todo en viaje a Londres que mencionas.

Te consta que no me hice ninguna operación (ahí, ni en ningún lado) y si bien recuerdas fue el socio del Dr. Jekyll (el muy interesante Mr, Hyde) quien estuvo con nosotros todo el tiempo. Es más fue él quien me ayudó a buscarles cuando los perdí de vista (a las trillizas y a ti) durante aquella excursión a los bosques…

Todas esas largas, calurosas y agotadoras horas buscándote, preocupada por ti… no habrían sido iguales sin Eddy ahí para confortarme (Mr.Hyde insistió en que lo llamara así después de la primera noche)

Pero nos estamos desviando del tema, el asunto es Lobo mío que te creo.

Sé que es pura mentira lo que cuentan de Blanca (Nieves) y de ti, es de todos conocido que la chica tiene un romance con siete hombres, que dicho sea de paso de enanos no tienen nada en especial Gruñón a quien ella llama cariñosamente burro y no por falta de inteligencia. (Me han contado)

También conozco de primera mano los problemas de narcolepsia que padece Aurora, no te preocupes por nada de eso amor.

El asunto de la luz roja puedo decirte que es solo un invento de las mentes perversas de esas puercas porque jamás se me ocurriría poner algo así frente a mi puerta. ¿Qué clase de moral tendría si colocara algo así frente a mi puerta?

Sé que entre los dos no hay secretos así que me creerás cuando te digo que a pesar de las distancia te he sido fiel.

Tus palabras han sido el único consuelo que he tenido estos largos días sin ti e irán conmigo cuando vaya a llevarle galletas a la abuela.

No temas por mi seguridad querido Lobo siempre que salgo al bosque voy bien acompañada por Max el amble leñador que es tan dulce como un oso de felpa a pesar de su enorme altura, su aspecto fiero y esos brazos tan grandes que tiene…

En fin Lobo mío, me despido reiterándote mi amor eterno, pero es tarde y debo irme Max acaba de llegar para escoltarme por esos largos y solitarios caminos del bosque.

Siempre tuya Caperucita.