sábado, 21 de julio de 2012

De jaguares e historias


Hola a todos, chicos y chicas que pasen por esté blog:
Primero que nada quiero darles las gracias por estar aquí, conmigo aunque sea de modo virtual.
Quizás nadie sepa lo mucho que aprecio saber que mis historias e intentos de poesía, no caen en el vacío y que existen almas caritativa y generosa dedica parte de su valioso tiempo a leerme.
He recibido algunos correos y me encanta saber sus opiniones, es por eso que esta mañana (para mi) y abusando de su paciencia quiero contarles que tengo un problema añejo con el nombre provisional de Jaguares.
Sip…así es, como algunos de ustedes saben, cuando emprendí la aventura de publicar en línea, lo hice con la Editora Digital ( maravillosas personas por cierto) y debuté con una novela corta que lleva el título de Cuento de hadas para Vampiros, lo que no saben es que antes de dicha historia comencé otra: jaguares.
La historia está ambientada en Costa Rica y se basa en la leyenda Maya de los héroes gemelos Hunahpu e Ixbalanque. Al principio, me resulto fácil hacerla, mis dedos se movían solos por las teclas (justo como ahora) y casi de un tirón escribí 19 capítulos.
Hasta ahí todo bien, la novela creció, la historia a ratos cruda a ratos erótica, me encantó, sin embargo por alguna razón el primer capítulo (que después se convirtió en el segundo) nunca terminó de convencerme.
No sé que tiene, no sé si tiene algo raro, si es comprensible o sólo un ataque de locura de mi parte lo que no me permite terminar con la novela y publicarla.
Y como ya me cansé de guardarla les dejo un fragmento, si alguien tuviera a bien decirme que les parece se los agradecería enormemente.

 
Capitulo 1

El viento zarandeaba las copas de los arboles creando una danza de luces y sombras al tiempo que arrastraba la mezcolanza olfativa, santo y seña, de la vida que se volcaba, ávida y salvaje, cubriendo cada, nicho, cada espacio disponible de la selva.
Uno de los últimos guardianes vivos, un enorme ser, que parecía y actuaba como un jaguar aunque en realidad era un hombre escondido bajo una piel diferente, inhaló profundamente analizando los componentes y fluctuaciones en busca de aquello por lo cual había perdido el sueño y el hambre.
Al encontrarlo, una mueca, parecida a una sonrisa hecha de muerte, curvó sus felinos labios haciendo relucir los enormes colmillos, tan blancos como afilados.
Ella estaba cerca, podía sentirlo. Un aroma absolutamente femenino y diferente, flotaba entre aquel asalto sensorial, tan notorio como una bandera roja ondeando en el azul del cielo.
¿Quién lo hubiera dicho? Aguardando por una hembra como cualquier otro macho. No, no como cualquier otro macho, se corrigió el ser, sino como un hombre enamorado de una mujer.
Exasperado consigo mismo, abatió su inquietud enterrando las grandes garras retractiles en la corteza de una vieja caoba una y otra vez hasta dejar marcas talladas a profundidad en la carne roja del árbol.
Comprendía bien el deseo, después de todo desear era la base de la existencia del depredador. Se deseaba la cacería por la emoción de seguir a la presa, se desea la comida para que el cuerpo estuviera fuerte, se deseaba el sexo para mantener el espíritu en calma, pero no comprendía esa emoción nueva y antes desconocida que lo hacía sentirse poseído, ansioso, incluso necesitado con sólo pensar en ella.
No es que desconociera la necesidad, su cuerpo de hombre muchas veces exigía de la piel suave, el aroma almizclado y la calidez que sólo una mujer podía darle.
Nunca había sido un problema conseguir una compañera dispuesta a pasársela bien por una noche, después de todo, la naturaleza había sido generosa con él y sus hermanos.
Sin embargo, cuando se trataba de ella, había un trasfondo dulce en esa exigencia de contacto, que no había estado presente en ninguna de sus relaciones anteriores.
Rodrigo no habría vacilado en llamar a esa molesta sensación amor, y lanzarle pullas al respecto pero…
No… se corrigió,  el amor era una contradicción a las leyes bajo las cuales había crecido y sobrevivido, no es que no fuera capaz de amar, en realidad lo hacía y mucho; amaba a su hermano y hermana con todas sus fuerzas, pero era la connotación romántica de aquel sentimiento lo que le parecía peligrosamente quimérico.
¿Entonces porque no podía dejar de pensar en ella? la atracción que tiraba de él era tan fuerte que incluso bajo la forma de animal su presencia le afectaba como nunca antes.
Era cierto que se trataba de una mujer hermosa, pero no más que otras con las que él había estado, menuda y bajita, apenas si pasaba del metro y medio, aunque para ser justo debía admitir que tenía una figura perfecta: senos grandes, cintura minúscula y caderas redondeadas. Su rostro, de rasgos fuertes y delicados, le confería un aspecto exótico, nariz recta, pómulos altos, labios carnosos y sensuales enmarcados por un embrollo de rizos oscuros, en perpetuo estado de rebeldía, que insistían en caer sobre sus grandes ojos negros y confundirse con sus largas pestañas.
Cualquiera diría que era idéntica a muchas otras y sin embargo había bastado una sola vista para hacerlo sentir totalmente atraído por ella.
Sin embargo no era su físico lo que había cautivado el alma doble del ser, sino algo más, cierta cualidad esquiva que tenía que ver con la personalidad cálida y apasionada más que con su aspecto.
Gracias a su trabajo como guarda parques en la reserva de la vida salvaje  del Bosque eterno de los niños en su nativa Costa Rica, Diego tenía una vida en la que sus capacidades sobrenaturales estaban en sintonía con su vocación: cuidar de la selva, ser el protector que necesitaba con urgencia.
Le había sido muy fácil hacerse del puesto, después de todo, los candidatos dispuestos a vivir en condiciones extremas, con un horario de trabajo infernal y una paga de mierda, no abundaban, mucho menos si se trataba de graduados en alguna de las ramas de la biología, como era su caso.
Es tan sólo un fragmento, pero cualquier opinión es valiosa para mi
Malena