sábado, 10 de noviembre de 2012

¡Ánimo!



Basta de llorar tus penas,
cesa ya de lamentos y de quejas.
deja de revolcarte en ofensas,
párate sobre tus pies y pelea.
No eres hija de la fragilidad,
sino de la fuerza,
y la victoria no es asunto de velocidad,
más bien de resistencia.
Recuerda amor mío:
eres bruja, no princesa,
y no necesitas hombre alguno,
para llamarte mujer,
pues lo eres desde antes de nacer.
Estas en este mundo, no por capricho,
no eres un accidente del destino.
así que baila descalza bajo la lluvia,
eleva tu voz por sobre el trueno,
sal al balcón y comete los vientos,
y no temas a nada,
sino a tu propio miedo.
Malena Cid.

lunes, 5 de noviembre de 2012

La princesa de la torre (fragmento)



—Si buscas compasión escogiste un mal lugar, — las puntas afiladas de sus colmillos destellaron brevemente en un amago de sonrisa.— como podrás notar, no soy un alma pura.
No encontré argumento para rebatir su declaración.
—¿No dices nada? — Nicolae acortó de un paso la distancia entre los dos. Era tal alto que me obligó a echar el cuello atrás para no apartar mis ojos de los suyos.
Fui testigo de mi muerte y algo más, innombrable e inmoral, en el espejo impío de sus ojos plateados. El miedo se asentó en mi vientre junto con otro sentimiento que ni siquiera me atrevía a nombrar. Tuve el impulso se cubrirme el cuello pero permanecí inmovilizada como un canario hipnotizado por una víbora.
—¿Te comieron la lengua los ratones princesa? — murmuró, con la boca a un suspiro de distancia. Un estremecimiento— no debido únicamente al miedo— se extendió por mi piel erizándola y convirtiendo mis pezones duros y doloridos picos que empujaban contra el blanco algodón de la camisola.  
A él pareció divertirle la situación. Ladeo la cabeza en un gesto irónico y preguntó — ¿La princesa tiene frio?
—Un poco — mentí profundamente turbada por la reacción de mi cuerpo, crucé los brazos sobre el pecho.
—No…—, sus grandes manos se situaron sobre mis antebrazos inmovilizándolos sin esfuerzo.
Sentí su toqué como una vibración salvaje sobre mi piel, la necesidad de ocultar lo que me ocurría venció el temor que me inspiraba tenerlo tan cerca y me rebelé contra su orden, aun así fue imposible vencer la fuerza de Nicolae.
Forcejeamos brevemente,  o más bien yo lo hice. El espacio entre los dos se llenó con los desiguales jadeos a los que se había reducido mi respiración. Mi corazón latía desbocado, la sangre rugía en mis oídos. Debía estar paralizada de miedo pero no lo estaba, estaba loca, pérdida.
—Por favor  — rogué desesperada.
Aquella inhumana sonrisa se llenó de oscuro regocijo.  —¿Por favor que? — preguntó con suavidad, sus dedos se enlazaron en los míos atrapándome lenta pero inexorablemente, —¿Por favor déjame ir?
Traté de decir algo pero mi lengua fue lenta de formar las palabras, todo cuanto fui capaz de hacer era observar como aquel seductor y amenazante rostro se inclinaba lentamente hacia mí.
—O ¿por favor esto? —musitó con los labios sobre los míos.
Fue apenas nada, un roce tan sólo, el delicado, gentil e inexplicable toqué de una boca hecha para herir sobre mi boca sedienta de caricias y lo que di por sentado de mi misma fue consumido por el fuego que ardió en mi sangre.
Mi mente se llenó de imágenes que no tenían nada que ver con la libertad, la muerte o la noche y antes de darme cuenta de lo que hacía, rodeé su cuello con los brazos y me apreté contra su boca buscando el beso prometido.
Nicolae se paralizó un segundo, sorprendido sin duda por mi respuesta antes de reaccionar devorándome la boca como el depredador que era.


sábado, 3 de noviembre de 2012

Burlesca confesión





No debería hablar de sentimientos,
sabe Dios que para todos,
cada mujer debe ser siempre un misterio.
Hacer una carta de amor,
queda entonces descartado,
 pero confesar, 
eso no sería pecado.
De cualquier forma,
 lo que siento no sé como guardarlo,
así que tal vez deba de algún modo explicarlo:
pienso en ti, y a pesar de mi edad y la distancia,
el poder tienes de hacer que el tiempo se detenga,
que el decoro pierda sentido
y nada importé, excepto verte.
Con tu presencia,
siempre en ausencia,
me sacas sonrisas de las mangas,
del escote y hasta del ruedo del vestido.
Te conviertes en sol,
calientas mi piel de oscura porcelana,
transformado en viento me arrastras cuesta arriba,
derramarme como lluvia
sobre tu cuerpo desnudo de tabúes.
Eres lo opuesto a un príncipe encantado,
pero encantada me tienes. 
Fascinante y fascinada,
embrujada, hechizada
y algunas veces incluso taimada.
Me enamoras mil veces mas una,
la discreción la tornas locura,
me tienes tonta de atar,
despojada de cinismos e ironías,
a mí, a quien ya nada sorprendía.
Malena Cid.