lunes, 5 de noviembre de 2012

La princesa de la torre (fragmento)



—Si buscas compasión escogiste un mal lugar, — las puntas afiladas de sus colmillos destellaron brevemente en un amago de sonrisa.— como podrás notar, no soy un alma pura.
No encontré argumento para rebatir su declaración.
—¿No dices nada? — Nicolae acortó de un paso la distancia entre los dos. Era tal alto que me obligó a echar el cuello atrás para no apartar mis ojos de los suyos.
Fui testigo de mi muerte y algo más, innombrable e inmoral, en el espejo impío de sus ojos plateados. El miedo se asentó en mi vientre junto con otro sentimiento que ni siquiera me atrevía a nombrar. Tuve el impulso se cubrirme el cuello pero permanecí inmovilizada como un canario hipnotizado por una víbora.
—¿Te comieron la lengua los ratones princesa? — murmuró, con la boca a un suspiro de distancia. Un estremecimiento— no debido únicamente al miedo— se extendió por mi piel erizándola y convirtiendo mis pezones duros y doloridos picos que empujaban contra el blanco algodón de la camisola.  
A él pareció divertirle la situación. Ladeo la cabeza en un gesto irónico y preguntó — ¿La princesa tiene frio?
—Un poco — mentí profundamente turbada por la reacción de mi cuerpo, crucé los brazos sobre el pecho.
—No…—, sus grandes manos se situaron sobre mis antebrazos inmovilizándolos sin esfuerzo.
Sentí su toqué como una vibración salvaje sobre mi piel, la necesidad de ocultar lo que me ocurría venció el temor que me inspiraba tenerlo tan cerca y me rebelé contra su orden, aun así fue imposible vencer la fuerza de Nicolae.
Forcejeamos brevemente,  o más bien yo lo hice. El espacio entre los dos se llenó con los desiguales jadeos a los que se había reducido mi respiración. Mi corazón latía desbocado, la sangre rugía en mis oídos. Debía estar paralizada de miedo pero no lo estaba, estaba loca, pérdida.
—Por favor  — rogué desesperada.
Aquella inhumana sonrisa se llenó de oscuro regocijo.  —¿Por favor que? — preguntó con suavidad, sus dedos se enlazaron en los míos atrapándome lenta pero inexorablemente, —¿Por favor déjame ir?
Traté de decir algo pero mi lengua fue lenta de formar las palabras, todo cuanto fui capaz de hacer era observar como aquel seductor y amenazante rostro se inclinaba lentamente hacia mí.
—O ¿por favor esto? —musitó con los labios sobre los míos.
Fue apenas nada, un roce tan sólo, el delicado, gentil e inexplicable toqué de una boca hecha para herir sobre mi boca sedienta de caricias y lo que di por sentado de mi misma fue consumido por el fuego que ardió en mi sangre.
Mi mente se llenó de imágenes que no tenían nada que ver con la libertad, la muerte o la noche y antes de darme cuenta de lo que hacía, rodeé su cuello con los brazos y me apreté contra su boca buscando el beso prometido.
Nicolae se paralizó un segundo, sorprendido sin duda por mi respuesta antes de reaccionar devorándome la boca como el depredador que era.