lunes, 10 de septiembre de 2012

DENUNCIA DE AUTORES A EDITORIAL PELÍCANODENUNCIA DE AUTORES A EDITORIAL PELÍCANO

DESDE "De Mariposas y otras cosas, Bolg de Malena Cid" NOS HACEMOS ECO DE ESTE RECLAMO
Los auotres indignados con el proceder y la indiferencia que esta "editorial" presenta ante sus reclamos anuncian que de ser necesario harán públicos todos los incumplimientos que han tenido con ellos para que ya no puedan engañar a más autores y lectores. Reclaman se les anule el contrato por escrito, se les devuelvan los derechos de sus obras y que estas sean eliminadas de todo canal de ventas que utilice la "editorial" de Hubeto Pérez Bernate y Maria E. Cardona Porto.




Crónica de un robo…
Todo autor tiene dos grandes ilusiones, la primera y más importante es ser leído, la segunda es ver la obra que nace de su ingenio convertida en una realidad tangible como lo es el libro.
Hace ya más de un año y tras enviar mi trabajo a varias casas editoriales, recibí por fin una respuesta positiva (aquellos que escriben, saben lo difícil que es conseguirla) de la autoproclamada Editorial Pelicano.  Llena de alegría e ilusionada como sólo puede estarlo una escritora con una carta de aceptación, me dispuse a completar los requisitos impuestos para poder ver mi novela en papel.
Primero que nada, debía firmar un contrato, escanearlo y enviarlo de vuelta más 150 Dll destinados a cubrir los gastos de la legalización del contrato, más un ejemplar para mi biblioteca que ellos me enviarían. Debo decir que aunque me resultó un poco extraña la petición de dinero, la ilusión fue más fuerte y tras vencer mis recelos y haciendo un esfuerzo económico envié el monto requerido.
Al final y tras casi un mes de espera, recibí mi novela en papel, reconozco que por breve momento fui la más feliz de las mujeres pero después abrí el libro y me di cuenta que en principio, toda la estructura y extensión de los párrafos había sido modificada para adaptar mi novela a un determinado tamaño.
Ese sólo detalle debí abrirme los ojos, pero cegada como estaba, lo dejé pasar, asumiendo que lo ocurrido se debía a la maquetación de la obra.
Tras ese detalle, me dediqué a hacer un poco de promoción de mi novela, no puedo decir que con grandes resultados, soy una mujer un tanto tímida y privada, por lo tanto la autopropaganda no se me da muy bien.
Hasta ahí todo bien, sin embargo y tras dejar trascurrir los seis meses que según mi contrato con Pelicano debía espera para que la editorial estuviera en la obligación de entregarme un informe de ventas y el pago de las regalías correspondientes, todo se desencajó o por lo menos la venda rosa con la que me cubría los ojos comenzó a caer.
Consciente de que mi novela (que dicho sea de paso es deliciosa) no se había promocionado por lo tanto no resultaba un best selller, no esperaba recibir una gran suma, si acaso apenas lo suficiente para cubrir el préstamo para financiar su publicación, así que me dirigí a los canales que Pelicano había determinado para informes de ventas y pago de regalías sin recibir respuesta.
Más o menos al mismo tiempo, en la red social del FB descubrí a una autora mexicana llamada Elena Ortiz Muñiz quien en esos momentos sostenía una lucha por la misma causa.
Asustada, me salté los canales y escribí pidiendo por escrito (aunque resulte redundante) reportes de ventas y fue aquí cuando recibí la primera sorpresa, pues Pelicano me salió con que sólo podía cubrirme el pago en efectivo si la cantidad era superior a los 150 Dll.
Enojada contraataqué con una carta en la que les recordaba que los términos del contrato no incluían el pago en especie, sin importar el monto de las regalías y que imponer mínimos era una violación a nuestro acuerdo comercial.
Como respuesta Pelicano rompió toda comunicación conmigo, no han vuelto a escribir, ni a nada. Eso sí, mi Marina aun sigue a la venta con ellos y a mí me tienen en ascuas.
Ya no deseo más que recuperar mis derechos comerciales, aunque he llegado a pensar que nunca los perdí, probablemente Hubeto Pérez Bernate y María E. Cardona Porto, ni siquiera hayan legalizado el contrato y simplemente se embolsaron los 150 dll, que podrán no parecer mucho pero en los tiempos que corren y en el país al que pertenezco son una pequeña fortuna que me hubieran permitido cubrir otras necesidades.
Ahora y sin saber mucho lo que pasara en el futuro, he decidido poner a Marina con otra casa: La EditoraDigital, es ahora el escaparate de mi trabajo, tras recibir de ellos el trato digno y correcto que todo autor merece.
Sin más por el momento se despide la agraviada aunque aun ilusionada Malena Cid.
Continuara…

martes, 4 de septiembre de 2012

Memorias de una chica mala cap 5



Capítulo 5

Pero el dolor no se fue, no desapareció, ni se hizo soportable. Era una adolescente y en esa etapa cualquier clase de rechazo se sentía igual a tener la hoja fría de una navaja entre las costillas.
Supongo que suena melodramático, pero quien no lo es a los 17, ojala no fuera así, pero tras los años pasados, tan sólo queda asumirlo.
No hubo muchas palabras más, Alex se levantó de su asiento y dando un rodeo para evitar rozarme, se fue, observé su espalda erguida y fuerte perfilada contra la luz de la pantalla para luego desaparecer en el revuelo de luz causado por la apertura repentina de las cortinas.
El resto de la película pasó con más pena que gloria, el momento había pasado y ahora tan sólo me quedaba la resaca que me bebí a tragos mientras el Dr. Felming y Anna Barton destrozaban su vida y la de sus seres queridos.
De regreso a la casa, con los libros de ingles bajo el brazo, me sentí realmente mal, sucia, culpable, rechazada, enojada, una maravillosa mezcla de emociones sombrías hirviendo bajo la superficie de mi piel.
Para variar, la casa estaba sola cuando llegué, por una parte era mejor así, no tenía humor para enfrentarme a mi madre y responder coherentemente a sus preguntas que en ese momento se me antojaban ridículas.
La regué…ese era el único pensamiento que rondaba por mi mente. Simple, conciso pero absolutamente real.
Todavía odio esa sensación de fracaso que de tanto en tanto me recorre el vientre cada vez que por alguna razón mi mente vuelve a ese momento.
Algunas veces quisiera regresar en el tiempo y comportarme de otro modo, hacer las cosas de forma diferente o…¡Mierda!...no sé…cambiar algo y hacer de esos furibundos y salvajes años algo mejor.
Supongo que no soy la única con ese deseo y también supongo que si pudiera hacerlo, no sería yo misma.
Es duro comprender que (como diría Ortega y Gasset) para bien o para mal soy el resultado de mis circunstancias y de las —buenas o malas —decisiones que tomé.
Sin molestarme en encender las luces me dirigí a mi habitación, buscando la soledad y privacidad de mi santuario para derramar mi amargura en lágrimas.
No tuve mucho tiempo, antes darme cuenta el teléfono sonó. Es extraño ahora recordar en aquellos viejos aparatos, sus estridentes timbres y las llamadas a casa en estos tiempos, en los que los móviles son artículos (casi) de primera necesidad.
Dudé en responder, después de todo y conociendo la larguísima lista de amigos que no podían esperar para hablar conmigo (ironía), seguramente sería una llamada para mis padres.
Pero no.
No por una vez.
—¿Si? — pregunté sin mucho ánimo de ser cortes.
El silencio al otro lado de la línea me puso en guardia y creí que sería alguna de las zorras con las que mi padre se enredaba de tanto en tanto y que por alguna razón creían que llamar a la casa de algún modo haría que mi madre les dejara el camino libre… (Pobres ilusas)
—¿Si? — repetí sin saber que esperar y para mi propia sorpresa escuché un voz aclararse la garganta.
—Julia— dijo y al instante supe quien se escondía tras la línea. Alex Petricelli
Me tocó ser la que se quedaba sin palabras, así que simplemente sostuve el aparato con tanta fuerza que mis nudillos dolieron.
—¿Julia eres tú? — su voz rasposa me llenó de mariposas el pecho y en un breve instante todo el oscuro cóctel emocional se ocultó tras un absurdo jubilo.
—Si — conseguí responder mientras el corazón me saltaba en el pecho.
—Yo…no sé porque —comenzó a explicarse y de nuevo guardó silencio. La cadencia de su acento se hizo dolorosamente clara.
—¿Por qué, qué? — atajé impaciente, la ira y demás emociones negativas regresaron haciéndome atacar. —¿Por qué soy una loca? ¿es porque te gustó?
Hubo una pausa larguísima en la que casi esperé que cortara la comunicación antes de escucharlo decir — No sabes lo que dices.
—Si lo sé — rebatí — soy joven, no estúpida.
—No— la vehemencia de su respuesta me detuvo un segundo antes de que mi mente recalentada volviera al ataque.
—¿Entonces de que se trata?
—De ti.
—No, no de mi, — apreté el auricular con fuerza.
—Si— siguió él avanzando por encima de mis palabras, callándome a la fuerza con su voz. — si de ti, de lo que eres, del potencial que tienes y de cómo lo desperdicias en nada.
—No sabes nada de mí.
—No lo suficiente, pero si más de lo que debería.
—¿Tienes idea de cómo me siento? A que no ¿Verdad?
—Sé que te sientes sola — musitó — sé que no consigues conectarte y por eso actúas como si el mundo te diera lo mismo, la escuela, el futuro, incluso ese chico — otra llamativa pausa — con el que andas.
No me gustó que todo fuera tan claro para él. — No hables de Fran.
—Él no me interesa.
—A mi sí.
—No es cierto.
—¿Cómo mierda lo sabes? — gruñí. — como sabes lo que siento o no, ¿Quién te crees que eres?
Un ruido de fondo me llamó la atención, algo como una puerta que se abría y el amortiguado eco de una voz femenina. Intuitivamente supe que nuestra conversación había terminado, Alex no se atrevería a seguir hablando, por lo menos no con la intimidad con la que lo había hecho hasta ahora.
—Dices que ésta conversación no se trata de ti si no de mi — le espeté aprovechándome de su repentino silencio— pero creo que te equivocas.
—No…no lo creo, lo sé.
—Creo que se trata de ti — lo atajé. Mi corazón latía tan rápido que creí que me desmayaría — y de mí.
—No— otra seca negativa
—Oh, sí — seguí sin importar si me ponía en ridículo o no —creo que te gusto y no tienes la menor idea de cómo explicarle a esa mente obtusa lo que sientes.
—Eres una cría — dijo.
Parecía que trataba de convencerse.
—No lo soy — una oleada de calor corrió por mi vientre mientras la valentía y el descaro se unían para hacerme hablar — no soy una adulta, —admití,—tengo 17 pero sé lo que quiero  y como lo quiero y no me avergüenzo de hacerlo y si, tienes razón, no quiero a Fran, lo admito pero lo necesito.
—¿Para qué diablos? — me espetó.
—para cerrar los ojos y fingir que te beso a ti.
El chasquido llegó y con él, el silencio, mi oscura habitación resultó extrañamente acogedora, sin molestarme en desvestir, me tumbé boca arriba en la cama y dejé que mis lágrimas corrieran libres mojando mis mejillas y la sábana.
Quizás había metido la pata hasta el fondo, cruzado la línea en lo que pudo haber sido algo bueno, el inicio de una amistad.
Quizás…pero lo hecho estaba hecho y por ahora sólo me quedaba llorar en paz.
Malena Cid

sábado, 1 de septiembre de 2012

Eres



un agujero en mi pecho que no consigo llenar,
dolor sordo en el fondo de mi conciencia,
eco mutilado,
silencio de una ausencia no reconocida
y no resuelta.
Pero eres.
Eres un amante que nunca he tocado,
deseo insatisfecho,
el alimento que no necesitado,
pero infinitamente anhelado,
amor inútil aunque profundo,
el borde de mi piel que niego. 
Pero eres
Todas esas cosas secretas y desconocidas,
los vestidos que no me atrevería a usar,
la experimentación, el placer, la resaca
y el deseo perverso de seguir pecando.
Pero eres.
todo y nada,
arriba y abajo,
dentro pero fuera,
contraste, contradicción,
dominio y sumisión.
Pero eres.
Malena Cid
2012©Todos los derechos reservados.

miércoles, 29 de agosto de 2012

Manos de amante


Amo tus manos,
tus grandes manos, de tacto áspero,
de toque suave,
las acarició con los dedos recorriendo sus fronteras y bahías,
sus altas mesetas, sus gentiles líneas,
manos que se plasman contra las mías,
se cruzan y entrelazan hasta fundirse y confundirse.
Amo tus manos benditamente encallecidas,
manos de hombre que se gana el pan con su trabajo,
manos de guerrero que no lucha por dinero,
manos de escritor con alma de poeta.
Manos que vagan por mi cuerpo para moldearlo como barro renacido,
manos que crean uno y mil suspiros,
manos que gimen por mi boca abierta.
Manos que anclan mi mundo a la tierra,
sujetando tan sólo mis caderas,
manos que van y vienen como oleaje
las manos de mi amante.
Malena cid.
2012©Todos los derechos reservados.