viernes, 7 de octubre de 2011

Marina en Pasión por la Novela Romántica


Hola a todos, quiero agradecer a  las maravillosas chicas de “Pasión por la Novela Romántica” por el maravilloso post de mi novela Marina.
Gracias de nuevo a Ámbar, Lizzy, Destiny y Shela, hacen un maravilloso trabajo.
Besos Malena.

sábado, 1 de octubre de 2011

Suya

Se siente bien estar entre sus brazos sin importar que las razones equivocadas me hubieran llevado ahí.
No sé cómo se llama, quien es o de donde viene y tampoco importa, simplemente lo necesito ahora para sentirme completa y no una yegua de cría que ni siquiera sirve a su propósito.
La noche contenida en el asiento trasero de un Mercedes vela sus facciones pero mis dedos al deslizarse sobre los duros planos recrean en mi mente la masculina belleza de su rostro, su cuerpo grande y recio me aprieta contra él haciéndome sentir pequeña
Nuestras manos van y vienen, apartando botones, bajando cremalleras, haciendo a un lado las ropas buscando la piel pero sin llegar a desvestirnos del todo.
Me enredó a él como una hiedra necesitada de una pared que la sostenga, muerdo la deliciosa aspereza de su barbilla, doy pequeños tirones a su cabello disfrutando de la sedosa textura de los negros mechones entre mis dedos.
Jugamos el juego del cortejo, macho y hembra apartándose y uniéndose. Me alejo…me atrae…cedo… Empujó su pecho al tiempo que arqueó la espalda invitándolo a probarme, su boca traza un sendero de caricias, lamidas y pequeños mordiscos marcando la piel impoluta que nadie se ha atrevido a tocar en mucho tiempo
—Muérdeme — pido buscando el calor húmedo de boca sobre la apretada cima de mis pezones. Su lengua rodea y atrae chupando, rozando, besado con  movimientos lúbricos, imitando un acto que no tardaremos en completar.
Lo hace, siento el delicioso dolor que dejan sus dientes al marcar mis senos.
El calor empaña los cristales  y nuestras pieles se cubren de sudor. El aire es espeso, perfumado con el aroma del sexo y el deseo.
Palmas formidables y rasposas se deslizan sobre la patina húmeda de mis muslos buscando bajo mi falda. Los bordes ásperos de sus dedos rozan mi monte para luego seguir hasta alcanzar el borde elástico de mis braguitas.
Me toca sin respeto, ni por mis temores púdicos ni por el hombre al que pertenezco y eso me excita más. Especialmente cuando su palma abierta se abarca posesiva la franja prohibida entre mis piernas.
Su voz ronca me estremece al murmurar contra mi cuello—Mía.
—No — jadeo excitada y aterrada a partes iguales. —no.
Mi dueño es otro me recuerdo.
Sé que miento, no importan las razones que me hayan traído a este lugar y momento, en un chispazo de claridad comprendo que lo que ocurre entre los dos estaba destinado…
Aunque tal vez la lujuria sea la que habla en mi sangre.
De cualquier forma lo que habrá de ser será. Tomé la decisión en el transcurso de un latido, cuando nuestras miradas se cruzaron a través de una habitación llena de gente y el mundo entero se derritió en el calor que sus ojos prendieron en mi vientre.
 No daré un paso atrás aunque corcoveé al sentirme invadida por sus dedos.
—Si— gimo animándolo a seguir con la irreverente exploración de mis labios íntimos. —oh, sí.
Me vuelve loca esa invasión, el estira y aflojé de mis deseos y pudores que me acercan al orgasmo estoy tan cerca…
—No — gimo elevando la pelvis en una ofrenda al sentir su retirada de su toque que regresan a la exigua barrera de satén que de mis braguitas.
—Si — responde tirando rudo de la tela que se rasga desnudado mi coño convertido en líquido por el miedo y la lascivia.
En ataque de recato cierro los muslos y tiemblo sin embargo no abandono el anclaje de mis uñas que arañan sus hombros. Un latido de lucidez me hace preguntarme por lo que qué se ha apoderado de mí.
No lo sé y tampoco importa.
Lo que ocurre entre nosotros va más allá de la duda, la vergüenza o la decencia. Nos deseamos… punto.
Sus manos abren rudas mis muslos obligándome a aceptar sus caderas afiladas. La austera textura de sus jeans raspan y excitan a la vez.
Rodamos sin control en el reducido espacio trasero del auto, sobre el cuero de los asientos, gimiendo, tocando, lamiendo, besando aproximándonos pero sin llegar a tocar nuestras bocas que son por acuerdo tácito territorio prohibido.
Su peso me comprime, sus dientes muerden mis clavículas dejando una marca que podría costarme la vida.
Giramos otra vez, ahora estoy arriba, a horcajadas sobre él, dominada y dominante a la vez.
—Te quiero dentro— le pido en un susurro.
—Todo… todo lo que quieras— responde antes de levantarse del asiento dejando nuestros rostros frente a frente por un corto pero interminable segundo.
Con una ternura desconocida me rodea la cintura envolviéndome en un apretado abrazo mientras clava sus ojos en los míos y descubro consternada que hay un universo de sentimientos escondido tras esos ojos color índigo, — No por favor —suplicó con voz rota.
No quiero que me mire con ese cariño destinada a un amante. No soy su amante, entre nosotros sólo hay sexo casual.
De una vez…de un momento.
Y sin embargo no consigo sustraerme del hechizo que tejen, me prendo, dejo que la noche en sus ojos me llene de sueños. De ese algo profundamente tierno escondido en su dureza masculina, un sentimiento que llama a su igual dentro de mí.
Sin desearlo vuelvo a ser la chica que fui hace muchos años, cuando tenía el alma tierna al igual que el corazón.
Su boca húmeda me atrae, esos labios condenadamente sexys llaman a ser probados. No debo hacerlo, no habrá vuelta atrás su caigo en la tentación.
—No — gimo otra vez pero es demasiado tarde, él ha roto la distancia de un suspiro y me toca el alma que llevo a flor de piel en los labios.
Oh dios…oh Dios…ese beso…tiene la dulzura de la miel y la amargura del olvido. Me bebo el mundo con cada rocé y entierro mis recuerdos en su vehemencia mientras nos besamos sin ni freno.
Me entrego a él con la impaciencia de una novia en su noche de bodas, con el cuerpo ansioso y el alma expectante.
Y mientras desnudo su erección con manos ávidas comprendo aterrada que mi vida nunca volverá a ser la misma.
Soy suya…
Malena Cid
2011© Todos los derechos reservados

martes, 27 de septiembre de 2011

Ángel capitulo 16




¿Qué diablos sabes tú del hombre de negro?
Kyle hizo la pregunta con una expresión salvaje en el rostro que no auguraba nada bueno y aunque momentos antes había dado cualquier cosa porque alguien me creyera, de pronto comencé a sentir que quizás hubiera sido mejor guardar las cosas para mí.
—¿De qué hablas? —insistió y su abrazo pasó de caricia a sujeción, pero me tomó un segundo comprenderlo.
Lo miré a la cara, cosa nada fácil ya que me encontraba enterrada en la pared de músculos de su pecho por lo que tuve que girar el cuello en un alguno difícil——¿Qué ocurre? —conseguí preguntarle.
En vez de responder él me lanzó otra pregunta — ¿A qué hombre te refieres?, piensa Ángel, es importante.
Desde luego que era importante, en eso por lo menos estábamos de acuerdo en algo.
De algún modo comencé a hablar, le conté todo desde el momento en que nos separamos hasta que desperté en el hospital confundida y tatuada, en ese punto Kyle hizo una pausa para examinar la marca. (Yo comenzaba a verla de ese modo)  De reojo vi el ligero temblor de sus dedos mientras hacía a un lado la tela, descubriendo el extraño dibujo en mi piel.
No dijo nada pero las puntas de sus dedos se sentían extrañamente frías y controladas mientras delineaba la silueta de las alas que cubrían mi hombro, casi como si quisiera estrujarla y arrancarla de mi piel.
Me miró a los ojos y entonces lo supe con tanta claridad como lo hubiera escuchado reconocerlo: conocía el significado del tatuaje.
—¿Qué sabes de esto Kyle? —inquirí obviando la presión de sus dedos que para ese instante era realmente dolorosa.
—¿De qué hombre hablas? —me respondió a su vez con otra pregunta, sentí como me sujetaba de ambos hombros. Su enorme palma cubrió por completo la marca.  El contacto ardió como quemada.
—El que estaba en mi casa —repetí a pesar de desear que Kyle explicara qué ocurría.
No lo hizo aunque quizás lo intentó. Vi sus perfectos labios abrirse y cerrarse sin emitir sonido y sentí mi corazón saltarse un latido.
—¿Qué ocurre? —pregunté de nuevo y una vez más el combatió mi pregunta con otra:
—¿Cómo era él, Ángel? — esta vez su tono fue suave, persuasivo, intentando tranquilizarme pero sin tratar de influir en mi estado anímico.
—No lo sé —dije y sentí las lagrimas quemar así que cerré los ojos —no lo sé, estaba oscuro y… y yo.
Kyle me abrazó o más apropiadamente me envolvió con sus brazos, contra su pecho duro como roca pero a la vez cálido y seguro con su corazón latiendo bajo mi mejilla.
A pesar de mis recelos, a pesar de saber que ocultaba algo y por muy extraño que parezca, por primera vez en todo ese tiempo me sentí a salvo, incluso más que con mamá en la habitación.
—¿Estás manipulándome?
—¿Te gustaría?
—No —respondí al instante —las cosas hay que sentirlas.
Sentí sus labios depositar un suave beso en mi coronilla y suspiré. No quería seguir dándole vueltas al asunto pero a la vez me sentía renuente a dejar de lado la comodidad de la que disfrutaba ahora.
—Algunas cosas son mejor olvidarlas. —dijo repitiendo las palabras que había dicho en lo que a mí me parecían una horas pero que bien podían tratarse de un par de días.
—Ésta no.
—Lo sé —colocó otro pequeño beso, ahora en mi sien derecha y me apretó contra él con gentileza, —recuerdo la promesa que te hice.
Nos quedamos un momento en calma, sumidos en nuestros pensamientos, sin desear romper la precaria tregua pero sabiendo que no podía durar mucho más.
—¿Dime? —comencé
— ¿Qué es lo que sé del tema? —terminó por mí.
Asentí y aguardé.
Él inhaló profundamente, sentí el movimiento de su pecho al expandirse en busca de aire. —Nada realmente.
—Kyle…
—Es decir, yo…
—¿Qué puede ser tan malo?
Ésta vez el silencio se extendió mucho más, tanto que pensé que no conseguiría sacar nada, finalmente suspiró audiblemente —Es algo que escuché contar a la madre de mi padre.
La mención de su abuela causó un pequeño y confuso caos de sentimientos, por una parte Kyle mencionaba, por primera vez, a de alguien de su familia. Al mismo tiempo las circunstancias no eran nada halagüeñas. No era asunto de “Ángel quiero contarte de mi abuela”, de hecho, hasta su forma de referirse a ella sonaba tan dura: La madre de mi padre…
—¿Qué fue? —el aire casual que imprimí a ni voz no engaño a nadie, ni siquiera a mí.
—Tonterías.
—No tanto si te afectan —rebatí  —como sea, prefiero saberlo.
—No estoy seguro si se trata de lo mismo.
—¿Tu ab… — cambie la palabra al ver el gesto duro en su rostro —¿ la madre de tu padre hablaba de un tatuaje o de un hombre de negro?
Dios, me sentía tonta llamándolo de forma tan cursi pero ¿Qué otro nombre podía darle?
—Ambos —Kyle desvió la mirada.
Resoplo frustrado así que insistí—¿Y?
—Tonterías Ángel, —gruñó —Nina sólo dice tonterías.
—No importa —seguí inflexible —tu forma de reaccionar y la expresión de tu rostro no tienen nada de tonto.
—Déjalo estar Ángel. —Kyle dejó caer los brazos y dio un paso atrás.
No me gustó la sensación.
—No —sacudí la cabeza —no puedo.
—¿Ni aunque jurara que no vale la pena?
—Ni aun así, ¿Cómo explicarte? — lo miré mientras las palabras surgían de mis labios sin freno —además de ti nadie me creyó…mi…madre imaginó que hice alguna locura de adolescente, me drogué o bebí y después me tatué. —sonreí sarcástica.
Su agraciado rostro se endureció —Tú no eres así.
—No—corté la distancia entre nosotros y rodé su cintura, necesitaba de su fuerza en ese momento. —saber que me crees me hace sentir mejor a pesar de todo.
Kyle permaneció en silencio y yo seguí —pero hay más, sabes algo, es decir, — continué con mi alocado y ligeramente incoherente discurso —aunque lo niegues ahora, sé que está locura tiene alguna clase de sentido para ti, por más disparatado que pueda parecerme ¿No es así?
Tras una pausa Kyle asintió —Quisiera que no lo tuviera. –musitó apesadumbrado.
—¿Por qué?
Kyle titubeo, pero finalmente dijo con voz ronca Nina hablaba del ángel de la muerte y de la marca que pone en sus elegidos .
No supe que responder.