domingo, 4 de septiembre de 2011

Ángel Capitulo 15

La idea de que alguien hubiera puesto una marca sobre mi piel se me antojaba insoportable. No puedo explicar la razón pero me sentía sucia llevándola.
Debo aclarar que no tengo nada contra los tatuajes, más bien me atraen. El asunto es que alguien (que no fui yo) coloco eso (que tampoco escogí) en mi brazo.
Mis sentimientos podían resumirse en una frase con la que mi abuela me exhortaba a ser sensata: No importa lo que pasé, siempre y cuando tú desees que pasé.
Pues bien… yo nunca deseé este tatuaje.
Enfurruñada en la cama de hospital, con mi madre actuando en una mezcla de gallina sobreprotectora y guardia de prisión, mi mente se entretenía en interpretar los hechos.
En primer lugar estaba Kyle… pero ¿cómo encajaba mi recién iniciada relación con él?
Ni idea.
Después seguía la excursión a los archivos que que Liza y…
¡Liza!...
En un segundo recordé a mi amiga y un escalofrió de miedo me corrió por la columna. Necesitaba hablar con ella, saber que estaba bien pero no tenía el móvil a mano ni pajolera idea de donde había quedado.
Mamá me miró desde el canapé que ya era como un segundo hogar lejos para ella y se mordió el labio.
—¿Ocurre algo Ángel?
—Liza — dije sin poder reprimirme.
—Estuvo aquí esta mañana.
El alivio que sentí fue enorme, mi loca amiga estaba bien.
—¿Dijo algo?
Mamá se alzó de hombros —No mucho, estaba bastante alterada y sólo repetía que no debía dejarte sola.
Típico de Liza…pensé. Por alguna razón ella tendía a pensar que su presencia evitaba que toda clase de mal.
—Es una buena chica — dijo como de pasada.
—Lo sé, es mi mejor amiga
—No como el otro.
—¿Quien otro Ma? —pregunté sabiendo ya la respuesta.
—El chico que preguntó por ti.
Me quede mirando a mi madre sin comprender
—Alto, cabello negro, muy guapo pero con expresión de pocos amigos.
Kyle… la descripción le sentaba al dedillo.
El rostro de mi madre tomó una expresión dura. —¿Tiene algo que ver con el tatuaje?
—¡No! — respondí demasiado aprisa y me gané un críptico levantamiento de cejas.
—Si llegó a averiguar que tiene algo que ver con…
—¿Con que? —solté.
—Tu entiendes.
—Ni una palabra.
Mamá abrió la boca y me preparé para la segunda perorata de la noche que nunca llegó.
Un medico con rostro agotado y profundas ojeras purpura entró a la habitación llevando un legajo de papeles.
—Señora Torres — dijo extendiendo la mano hacia mi madre.
Me aclaré la garganta para recordarle que aunque ella fuera la que pagaba las cuentas estaba hablando de mi salud.
El doctor me miró un segundo y volvió su atención a mi madre antes de revisar los papeles.
—Creo que podemos darle da alta — dijo tras leer —todos sus exámenes son normales, no hay presencia de anormalidades ni drogas.
Mi madre me miró y yo crucé los brazos sobre el pecho. —te lo dije —refunfuñé
—Los resultados del escáner han salido normales. —siguió el médico sin prestarme atención.
Mamá suspiró aliviada antes de preguntar —¿Qué ocurrió entonces?
—algunas veces no existe causa.
Pensé en el hombre pero no dije nada, intuí que el médico se las tomaría conmigo y la verdad estaba harta de que me trataran como una drogata. No me arriesgaría a que me creyera una psicótica.
—¿Puedo llevarla a casa?
Mamá y el doc se enfrascaron en una conversación de la cual fui excluida cuando salieron al pasillo y se alejaron con rumbo a la estación de enfermeras.
Apenas el murmullo de sus voces se apagó Kyle entró en la habitación con una tormenta estallando en sus ojos azules.
—Ángel — dijo
Yo abrí los brazos mientras mis ojos se llenaban de lágrimas.
Antes de darme cuenta estaba en sus brazos suspirando de alivio.
—Kyle — musité cuando su boca tocó la mía
Nos besamos sin importar lo extraño del lugar y el momento, saboreándonos contentos de estar juntos sin importar más.
—¡Oh Dios Ángel! —murmuró con voz ronca contra mi boca — tenía que verte.
—Y yo a ti — dije acurrucándome contra su pecho.
—¿Qué ocurrió?
Dude un segundo pero al final me decidí —fue el hombre de negro — dije y al instante el rostro de Kyle se convirtió en una máscara de furia.
Sus grandes manos me sostuvieron de los hombros y me miró directo a los ojos —¿Qué has dicho?
—El hombre de negro —repetí sintiéndome un poco tonta hasta que lo escuché preguntar con voz de acero —¿Qué diablos sabes tú del hombre de negro?