Y él, que nunca había sobresalido en nada, que
no poseía un sólo gramo de grandeza en el cuerpo, quien no tuvo, o
tendría, madera de héroe, consiguió la más grande hazaña alguna vez
lograda por otro ser humano: lamerse el codo.
Malena Cid
miércoles, 29 de mayo de 2013
martes, 28 de mayo de 2013
Equivocación
Creí ver un ángel de pie sobre el tejado.
Imaginé el halo de luz rodeando sus alas blancas como la nieve, la
pureza en su rostro y el amor brillando en él.
Pero me equivoque.
No era ángel sino gargola y el halo tan solo luz repelida por la mas siniestra obscuridad.
Malena Cid
Pero me equivoque.
No era ángel sino gargola y el halo tan solo luz repelida por la mas siniestra obscuridad.
Malena Cid
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Sueños
domingo, 5 de mayo de 2013
Los amantes de la oscuridad
Me retuerzo
bajo tu peso, enredándome y desenredándome en ti y de ti, mis labios recorren
la recia columna que es tu cuello al tiempo que, aferrada a tu espalda, maldigo
a la noche que se acaba.
Condenado o no te amo, es un hecho al que
apuesto mi propia salvación. Percibo las palabras formarse en mis labios, las
saboreo, me solazo en ellas y las bebo,
sin embargo me obligo al silencio, demoro mis ansias de confesar el pecado que
es mi amor, lamiendo la sal de tu piel, la soledad de tu alma. No necesitas la carga que impondría darle forma a mis emociones, pues aunque la verdad es luz, luz misma te obliga a alejarte y la oscuridad es quien te traerá de vuelta.
—¿Es esto lo que quieres? —invencible, invades el cálido y húmedo secreto de mi intimidad.
—Si — miento en parte pues en realidad lo quiero todo. Tu vida y muerte, tu sombra y silencio, también tus tormentos…. Te quiero a ti, mi príncipe de la noche.
Malena Cid
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Vampiros
martes, 9 de abril de 2013
Cuento de Hadas para Vampiros Cap 8
Capitulo 8
Damien
Dejar la cama tibia, los suaves brazos de mi mujer
para adentrarme en la tierra y dormir fue una de las cosas más duras que
hubiera hecho jamás, pero el sol es el sol y con él los Strigoi no podemos discutir.
Al mirarla por última vez aquella mañana mi deseo por
ella me hizo plantearme— por primera vez— la idea de enfrentar la luz. Al final
fue Ilana quien me pidió que me fuera.
Recuerdo sus cabellos, largos y oscuros, enredados
sobre la blanca almohada, el rojo de sus labios inflamados por mis besos, el
placer que hacía estremecer su piel con sus ecos.
—Te amo tanto — murmuré acariciando el suave contorno
de su rostro.
Ilana me sonrió y fue como ver de nuevo un amanecer.
Ella tenía razón, para bien o para mal, estábamos destinados a estar juntos.
Desinhibida, Ilana estiró su cuerpo sobre el colchón.
A pesar de haber pasado la noche entre sus muslos de seda, mi virilidad
reaccionó irguiéndose. Suspiré incapaz de apartar la vista— Quizás pueda
quedarme…
Ilana negó con la cabeza y después con los labios —Nada
me gustaría más — dijo y se irguió en la cama dejando que las sabanas cayeran
para descubrir el brillo de su cuerpo hecho de nácar y luz.
—Te quiero — dijo sonriendo — ¿lo sabes?
—Si…lo sé.
Ilana enredó sus brazos menudos contra mi cuello, sus
labios mojados y tersos se amoldaron a los míos y nos besamos con hambre
insaciable durante un largo…larguísimo momento tras el cual renuente empujó mi
pecho para apartarme — Debes irte — murmuró.
Rodeé su minúscula cintura con mis brazos y la mecí
suavemente —¿Y si no quiero?
Ella sonrió y negó con la cabeza, sus palmas firmes
descansaban sobre la piel de mi pecho para impedir que la apretara.
—No quiero dejarte — le dije sintiendo cada palabra.
No quería marcharme, no deseaba dejarla sola y desprotegida. Mis instintos gritaban me marchara con ella
de ese pueblo olvidado de Dios de inmediato
Ajena al lóbrego presagio Ilana me guiñó el ojo
musitando con voz ronca y sexy —Sólo serán unas horas.
—Demasiado tiempo sin ti— le respondí sonriendo — qué
tal si nos marchamos de una vez.
Ilana deslizó sus manos por mi piel hasta rodearme, se
acurruco suspirando contra mi pecho. — me encantaría…
—¿Pero?
—Quiero hacer las cosas bien — dijo
Reí feliz, deslicé las manos hasta abarcar la suave
redondez de su trasero —Las has hecho maravillosamente.
Ella también rió agitando levemente su larga melena
contra mi piel para después morderme suavemente.
—Hey… — protesté tomándole el pelo.
—Es serio Damien.
Acuné su rostro con la mano saboreando el suave calor.—
lo sé, por eso creo que debemos irnos ahora, podrías tomar tus cosas y ya.
—Sí, podría.
Una vez más sentí aquel maldito Pero en su voz.
—¿Qué te detiene?
Ella dudó un momento y le di un pellizco juguetón en
la nalga para animarla a seguir.
—Es una tontería — dijo por fin.
—Nada en ti es una tontería — aspiré el aroma de sus
cabellos embriagado.— ¿Qué te detiene amor? ¿Es el sol?...— dudé comprendiendo
que quizás Ilana no estaba preparada para dejar la luz —¿quieres despedirte de
él?
—No — ella protestó y me miró —¿Cómo extrañar el sol
si te tengo a ti?
—¿Entonces?
—Es tonto — repitió.
—Ya pasamos por eso — la reprendí suavemente.
Ella negó con la cabeza —no quiero que culpen a ti o a
cualquier Strigoi si desaparezco.
—Ilana… — musité sintiendo como un golpe todo el amor
que ella sentía por mí. —no sabes cuánto te amo.
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Vampiros
domingo, 10 de marzo de 2013
Para ti...hombre
Si cierro los ojos casi
puedo ver la silueta de tu rostro recortada contra la sangre que corre por las persianas de mis parpados.
Si pienso en ti siento, aunque
no sepa exactamente qué.
Tu aroma, alguna vez odiado, de tanto en tanto llega hasta mis recuerdos y los hace revolotear como mariposas sobre la playa del tiempo.
Tu aroma, alguna vez odiado, de tanto en tanto llega hasta mis recuerdos y los hace revolotear como mariposas sobre la playa del tiempo.
Éstas aunque no estés,
una presencia enclavada en mí día a día.
No lo sabes, y quizá
nunca lo harás, pero eres tú quien desayuna conmigo, quien me acompaña en auto
en esos largos trayectos cantando viejas canciones a dúo de una sola voz, quien
se ducha y enjabona mi piel con tus recuerdos.
Si duermo son tus brazos
fantasmales los que me rodean, es la ausencia de tus manos quien me acaricia en
las noches y eres tú quien cada noche me recuerda que soy mujer para ti…hombre.
Malena Cid
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Sueños
domingo, 24 de febrero de 2013
Derecho, revés.
Sentada en una mecedora, sin más
compañía que coloridas bolas de lana, dos agujas y mucho tiempo, tejo y me importa un comino lo que piensen los
demás.
—Punto
derecho.
Dicen que comencé esta afición por
puro despecho, pero la verdad es que siempre había deseado hacerlo.
—Punto
revés.
Mi madre cree que debería hacer
otra cosa, cestería o cerámica tal vez. Mi suegra - quizás deba llamarla futura
ex suegra - concuerda.
—Punto
derecho.
A las dos se les ha ocurrido que de
ese modo por lo menos tendremos una vajilla nueva en lugar de éste proyecto de
manta que es cuento de nunca acabar.
—Punto
revés.
Sin embargo yo encuentro relajante
montar punto sobre punto.
—Punto
derecho.
Ya que es lo único que monto,
además cuando tejo no pienso.
—Punto
revés.
¡Y menos en ese cabrón!
—Punto
derecho.
No me pregunto en dónde o peor aún, con quién
esta.
—Punto
revés.
Tejer me agrada.
—Punto
derecho.
Así no extraño a ese hombre.
—Punto
revés.
No desgasto mi tiempo en recuerdos.
—Punto
derecho.
No pienso en su piel.
—Punto
derecho.
O su aroma.
—Punto
derecho.
Ni me da por idealizarlo en la cama.
—Punto
derecho.
Y es que el desgraciado era bueno
en ella.
—Punto
derecho.
Más que bueno, maravilloso.
—Punto
derecho.
Aguanta horas y además…
! Mierda!
¡Me equivoqué! ¡Y con lo que odio
deshacer lo hecho! ¡Tres malditas horas desperdiciadas en nada!
Aunque eso no es lo peor, ni por
mucho. Lo peor será cuando alguien entré a la habitación y pregunte en todo
mesurado como quien le habla a una loca:
¿Qué tejes Penélope?
Malena
Cid.
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